La noche en la que conocí a Richey James Edwards

Llevábamos allí un par de días. Mis padres habían alquilado uno hotel de cuatro estrellas que, como era de esperar, estaba lleno de guiris. Habíamos salido a cenar a algún sitio típico, pero lo típico en aquella isla, como en tantos otros lugares de guiris, eran los bares de guiris, las tabernas que huelen a parrilla, los restaurantes de todos los lugares del mundo menos de donde nos encontrábamos, y los fish & chips, todo encapsulado en un centro comercial con palmeras, enredaderas, rótulos en inglés, alemán y ruso y olor a desodorante y cerveza.

Continue…